Ramsés
RamsesI(sethyI)
Men-Pehty-Ra Ra-Mesu fue el fundador de la XIX dinastía del antiguo Egipto. Las fechas de su corto periodo en el trono aun no están claras, pero se supone que sería en torno al 1292-1290 adC.
Originalmente llamado Paramesu, procedía de una prestigiosa familia militar del entorno de la ciudad de Avaris, en la región del delta del Nilo. Fue un militar de carrera, originalmente el jefe de los arqueros (empleo que heredó de su padre, de nombre Sethy), y llegó a general del ejército real. Ramsés encontró el favor de Horemheb, faraón de la por entonces tumultuosa XVIII dinastía, quien designó a Ramsés como su visir, y por tanto, el segundo hombre más poderoso del reino.
Antes de morir, Horemheb vinculó a su visir al trono, quien también era ya un hombre de edad, pero con descendencia masculina. Ramsés I, asoció inmediatamente a su hijo al trono, para servirle como corregente; éste posteriormente sería el faraón Sethy I. En nombre de su padre, Sethy emprendió varias operaciones militares - en particular, una tentativa de recuperar las posesiones perdidas de Egipto en Siria. Por lo que Ramsés aparece ocupado en proyectos domésticos: lo más memorable, fue que él terminó la construcción del segundo templo en Karnak, iniciado por su precursor. No obstante, hay que remarcar que, dada la edad de aquel hombre, su reinado no fue más que de trasición entre el de Horemheb y el de Sethy I.
El viejo faraón estaba casado cuando subió al trono, y nombró gran esposa real a Sitra, también de avanzada edad, y que tuvo el honor de ser la fundadora del Valle de las Reinas, donde a partir de entonces fueron enterradas las grandes esposas reales y príncipes. Es improbable que Ramsés I fuese el marido de la oscura Tanedyemy, presunta única hija de Horemheb, y quizás, para vincular a las dos dinastías, se casase con el rey más joven, Sethy I.
Ramsés murió después de gobernar por un breve período de 16 meses, y fue reemplazado por su hijo y corregente. Lo enterraron en el Valle de los Reyes. Su tumba fue descubierta por Giovanni Belzoni en 1817 y se designó como KV16, es pequeña y da la impresión de ser haber sido terminada precipitadamente. La momia de Ramsés I ha sufrido grandes avatares a lo largo de la historia, y no se sabe con certeza si es en realidad la que se le ha atribuido habitualmente, originaria del escondrijo de Deir el-Bahari.
Originalmente llamado Paramesu, procedía de una prestigiosa familia militar del entorno de la ciudad de Avaris, en la región del delta del Nilo. Fue un militar de carrera, originalmente el jefe de los arqueros (empleo que heredó de su padre, de nombre Sethy), y llegó a general del ejército real. Ramsés encontró el favor de Horemheb, faraón de la por entonces tumultuosa XVIII dinastía, quien designó a Ramsés como su visir, y por tanto, el segundo hombre más poderoso del reino.
Antes de morir, Horemheb vinculó a su visir al trono, quien también era ya un hombre de edad, pero con descendencia masculina. Ramsés I, asoció inmediatamente a su hijo al trono, para servirle como corregente; éste posteriormente sería el faraón Sethy I. En nombre de su padre, Sethy emprendió varias operaciones militares - en particular, una tentativa de recuperar las posesiones perdidas de Egipto en Siria. Por lo que Ramsés aparece ocupado en proyectos domésticos: lo más memorable, fue que él terminó la construcción del segundo templo en Karnak, iniciado por su precursor. No obstante, hay que remarcar que, dada la edad de aquel hombre, su reinado no fue más que de trasición entre el de Horemheb y el de Sethy I.
El viejo faraón estaba casado cuando subió al trono, y nombró gran esposa real a Sitra, también de avanzada edad, y que tuvo el honor de ser la fundadora del Valle de las Reinas, donde a partir de entonces fueron enterradas las grandes esposas reales y príncipes. Es improbable que Ramsés I fuese el marido de la oscura Tanedyemy, presunta única hija de Horemheb, y quizás, para vincular a las dos dinastías, se casase con el rey más joven, Sethy I.
Ramsés murió después de gobernar por un breve período de 16 meses, y fue reemplazado por su hijo y corregente. Lo enterraron en el Valle de los Reyes. Su tumba fue descubierta por Giovanni Belzoni en 1817 y se designó como KV16, es pequeña y da la impresión de ser haber sido terminada precipitadamente. La momia de Ramsés I ha sufrido grandes avatares a lo largo de la historia, y no se sabe con certeza si es en realidad la que se le ha atribuido habitualmente, originaria del escondrijo de Deir el-Bahari.
Ramsés II
Faraón egipcio (1298-1235 a.C.), tercer gobernante de la XIX Dinastía, hijo de Seti I. Durante la primera parte de su reinado Ramsés luchó para recuperar el territorio en África y al oeste de Asia Menor que Egipto había poseído durante los siglos XVI y XV a.C. Sus principales oponentes fueron los hititas, poderoso pueblo de Asia Menor, contra quienes libró una larga guerra. La batalla principal de esta guerra se produjo en el 1296 a.C. en Qades, al norte de Siria, y Ramsés la consideró como un gran triunfo. Sin embargo, ninguna de las dos potencias obtuvo una victoria decisiva, y en el 1283 a.C. se firmó un tratado según el cual las tierras en litigio se dividían y el faraón egipcio acordaba contraer matrimonio con la hija del rey hitita. Los restantes años del gobierno de Ramsés se distinguieron por la construcción de monumentos tales como el templo excavado en piedra de Abu Simbel, el templo mortuorio de Tebas, conocido como Ramesseum y la conclusión del gran vestíbulo hipóstilo del templo de Amón de Karnak. Su reinado marcó un momento cumbre en la historia del antiguo Egipto.
Ramsés II era hijo del faraón Sethy I y de su Gran Esposa Real, Tuya. No fue, como a veces se asume, hijo único; se sabe que tuvo al menos dos hermanas, y al parecer, un hermano llamado Nebchasetnebet, quien murió antes de alcanzar la edad adulta, con lo que Ramsés pasó automáticamente a ser el heredero.
Sethy I nombró corregente a Ramsés cuando éste tendría unos catorce años, y recibió entrenamiento intensivo de parte del mismo faraón y de múltiples maestros de artes y ciencias. A los quince o dieciséis años Ramsés ya tenía autoridad sobre parte del ejército. Una y otra vez, inscripciones de esa época lo describen como un "astuto joven líder". Por aquel entonces ya estaba casado y era padre de cuatro hijos.
Ramsés acompañó a su padre en campañas militares para sofocar rebeliones en Canaán. También lo secundó en la guerra contra los hititas que habían ocupado los territorios de Siria, tradicionalmente pertenecientes al imperio egipcio, pero perdidos hacía varios años debido a la debilidad del rey Ajenatón. Otras tareas que Ramsés debía desempeñar, por órden de su padre, eran supervisar los trabajos de construcción de los templos y la extracción de material de construcción en las canteras del sur del imperio.
Sethy I nombró corregente a Ramsés cuando éste tendría unos catorce años, y recibió entrenamiento intensivo de parte del mismo faraón y de múltiples maestros de artes y ciencias. A los quince o dieciséis años Ramsés ya tenía autoridad sobre parte del ejército. Una y otra vez, inscripciones de esa época lo describen como un "astuto joven líder". Por aquel entonces ya estaba casado y era padre de cuatro hijos.
Ramsés acompañó a su padre en campañas militares para sofocar rebeliones en Canaán. También lo secundó en la guerra contra los hititas que habían ocupado los territorios de Siria, tradicionalmente pertenecientes al imperio egipcio, pero perdidos hacía varios años debido a la debilidad del rey Ajenatón. Otras tareas que Ramsés debía desempeñar, por órden de su padre, eran supervisar los trabajos de construcción de los templos y la extracción de material de construcción en las canteras del sur del imperio.
Se cuenta que RamsésII se encontraba en Nubia (actual Sudán) cuando su padre Sethy murió. Volvió a Egipto donde, junto con su madre, Tuya, llevó a cabo las ceremonias fúnebres de su padre en la necrópolis tebana.
Poco después de comenzar su reinado en solitario, Ramsés hubo de reaccionar ante la amenaza de los hititas. Quizás consideraban al nuevo rey más débil que su poderoso padre, pues iniciaron numerosas escaramuzas en las fronteras hasta que el ejército egipcio se vio obligado a reaccionar. Muestra de ello es la celebérrima Batalla de Kadesh, al norte de Siria, donde por fin se encontraron los ejércitos egipcios de Ramsés II con la coalición sirio-hitita del emperador Muwatallis II.
Según se cuenta, Ramsés hizo caso omiso de los consejos de sus generales y visires, lo cual causó que cayera en una emboscada de sus enemigos hititas y su ejército se viera gravemente diezmado en territorio desconocido. Las tropas egipcias huyeron del ejército hitita, y Ramsés tuvo que luchar prácticamente solo contra los enemigos guiado por el dios Amón, o eso es lo que él mismo nos dice en los monumentos donde dejó escrita su hazaña. Los historiadores actuales son más críticos y prefieren pensar que la batalla acabó en tablas, y no en una aplastante victoria de Ramsés.
Finalmente, Ramsés y Muwatallis II se dieron un respiro y el faraón regresó a las Dos Tierras, donde prosiguió con sus numerosos trabajos de construcción. No obstante, la guerra no acabaría hasta la llegada al trono de los hititas de Hattusil III, el ambicioso hermano de Muwatallis II, que acabría firmando la paz con Ramsés II cuando éste llevaba unos 25 años en el trono.
Poco después de comenzar su reinado en solitario, Ramsés hubo de reaccionar ante la amenaza de los hititas. Quizás consideraban al nuevo rey más débil que su poderoso padre, pues iniciaron numerosas escaramuzas en las fronteras hasta que el ejército egipcio se vio obligado a reaccionar. Muestra de ello es la celebérrima Batalla de Kadesh, al norte de Siria, donde por fin se encontraron los ejércitos egipcios de Ramsés II con la coalición sirio-hitita del emperador Muwatallis II.
Según se cuenta, Ramsés hizo caso omiso de los consejos de sus generales y visires, lo cual causó que cayera en una emboscada de sus enemigos hititas y su ejército se viera gravemente diezmado en territorio desconocido. Las tropas egipcias huyeron del ejército hitita, y Ramsés tuvo que luchar prácticamente solo contra los enemigos guiado por el dios Amón, o eso es lo que él mismo nos dice en los monumentos donde dejó escrita su hazaña. Los historiadores actuales son más críticos y prefieren pensar que la batalla acabó en tablas, y no en una aplastante victoria de Ramsés.
Finalmente, Ramsés y Muwatallis II se dieron un respiro y el faraón regresó a las Dos Tierras, donde prosiguió con sus numerosos trabajos de construcción. No obstante, la guerra no acabaría hasta la llegada al trono de los hititas de Hattusil III, el ambicioso hermano de Muwatallis II, que acabría firmando la paz con Ramsés II cuando éste llevaba unos 25 años en el trono.
Durante el resto de su reinado RamsésII desarrolló una especie de obsesión por construir templos enormes y espectaculares. No sólo se dedicó a llenar la riberas del Nilo de hermosas y enormes construcciones, sino que también usurpó muchas de ellas a sus predecesores, incluido su padre Sethy I. En sus muchos años de reinado, superó con creces en labor constructora a Amenhotep III, y prueba de ello son, por ejemplo, la ampliación del templo de Abidos, el enorme complejo funerario del Ramesseum, o los templos en Nubia, entre los cuales los más célebres son sin duda los de Abu Simbel, dedicados a Ra, Ptah, Amón, e incluso al propio Ramsés como divinidad; el menor está dedicado a la diosa Hathor.
Aunque no fue el primer faraón en hacerse adorar como un dios, sí lo fue en dedicarse templos y estatuas de forma sistemática. Ramsés fue, junto con Hatshepsut o Amenhotep III, uno de los pocos faraones que realmente creían, o pretendían hacer creer, que habían sido engendrados por la cabeza del panetón, el todopoderoso Amón-Ra.
No obstante, la construcción quizás más importante de todo el reinado de Ramsés II, y que sentaría las bases de lo que cientos de años después sucedería, fue la edificación de una nueva capital en el norte, que recibió el nombre de Pi-Ramsés La Ciudad de Ramsés. Desconocemos los motivos por los que el faraón se arriesgó a alejarse de Tebas y de su poderoso clero, viendo lo que había sucedido con Ajenatón años atrás, pero lo cierto es que este monarca era un hábil político, y comprendía la importancia de estar próximo al norte, lo más cerca posible a la convulsa Canaán (Siria-Palestina).
Es posible que en la construcción de Pi-Ramsés se contratasen obreros hebreos tal y como relata la Biblia (pues ésta menciona que fueron esclavizados para construir las ciudades de Pithom y Ramsés), aunque es bien sabido que por entonces no existía en Egipto la esclavitud salvo para los prisioneros de guerra.
Aunque no fue el primer faraón en hacerse adorar como un dios, sí lo fue en dedicarse templos y estatuas de forma sistemática. Ramsés fue, junto con Hatshepsut o Amenhotep III, uno de los pocos faraones que realmente creían, o pretendían hacer creer, que habían sido engendrados por la cabeza del panetón, el todopoderoso Amón-Ra.
No obstante, la construcción quizás más importante de todo el reinado de Ramsés II, y que sentaría las bases de lo que cientos de años después sucedería, fue la edificación de una nueva capital en el norte, que recibió el nombre de Pi-Ramsés La Ciudad de Ramsés. Desconocemos los motivos por los que el faraón se arriesgó a alejarse de Tebas y de su poderoso clero, viendo lo que había sucedido con Ajenatón años atrás, pero lo cierto es que este monarca era un hábil político, y comprendía la importancia de estar próximo al norte, lo más cerca posible a la convulsa Canaán (Siria-Palestina).
Es posible que en la construcción de Pi-Ramsés se contratasen obreros hebreos tal y como relata la Biblia (pues ésta menciona que fueron esclavizados para construir las ciudades de Pithom y Ramsés), aunque es bien sabido que por entonces no existía en Egipto la esclavitud salvo para los prisioneros de guerra.
Sobre la descripción física de Ramsés II se tienen varias referencias a partir de distintas estatuas que -al contrario de lo que ocurre con otros faraones, a quienes los escultores idealizaban- se parecen mucho entre si. Ramsés, probablemente, prefería que los retratos se hicieran fieles a su propia imagen.
A pesar de su larga vida, todas las imágenes de Ramsés II están ideadas como en sus años de juventud. No hay estatuas de él como un hombre maduro. Así, para muchos, es un espectáculo sobrecogedor contemplar su momia, tan bien conservada, que muestra la implacabilidad del tiempo, que ha conseguido vencer al más famoso de todos los faraones.
Se dice a menudo que Ramsés fue un emperador indiferente al pueblo, el cual estuvo en la pobreza durante su reinado mientras la clase alta se enriquecía cada vez más. También se le tacha de mujeriego, déspota, tirano, y sobre todo, de megalómano. Alguien ha dicho que la distancia que separaba a Ramsés II de su pueblo era incluso mayor que la de Keops, considerado el "faraón maligno" por antonomasia.
Sin embargo, sobre el carácter de Ramsés II se sabe poco en realidad; a partir de cartas que escribió a su colega, el rey hitita, sabemos que le disgustaba sobre manera que le dieran órdenes. "¿Porque me hablas como si fuera tu esclavo?" escribió al rey hitita en alguna ocasión, cuando este le exigía que le devolviera a un fugitivo que había tomado asilo en Egipto.
Textos de la época en que Ramsés aún no era faraón, lo describen como un "astuto joven líder" en asuntos militares. En el libro del Coran se menciona a un faraón que bien pudo ser Ramsés II; según estas escrituras: el faraón era más bien temperamental, y cuando sus magos y sacerdotes admitieron que no podían enfrentarse a la magia del dios de los hebreos, el faraón los increpó "¡Ustedes no tienen mi autorización para decir tal cosa!", tras lo cual amenazaba con clavar a los magos de pies y manos en una palmera.
Sea como fuere, el carácter de Ramsés II se fue templando con el paso del tiempo. Así, ya a las pocas décadas de subir al trono, comenzó a abandonar el país en manos de sus numerosos hijos y de sus subordinados. Sus intentos de favorecer a otros sacerdotes, como los de Ra, Ptah o Seth no surtieron efecto en tanto que los de Amón siguieron siendo omnipotentes e incluso hacían peligrar la posición del faraón. Esto no lo supo ver el rey, y dejó seguir las cosas mientras iba envejeciendo y las sombras comenzaban a asolar Egipto.
A pesar de su larga vida, todas las imágenes de Ramsés II están ideadas como en sus años de juventud. No hay estatuas de él como un hombre maduro. Así, para muchos, es un espectáculo sobrecogedor contemplar su momia, tan bien conservada, que muestra la implacabilidad del tiempo, que ha conseguido vencer al más famoso de todos los faraones.
Se dice a menudo que Ramsés fue un emperador indiferente al pueblo, el cual estuvo en la pobreza durante su reinado mientras la clase alta se enriquecía cada vez más. También se le tacha de mujeriego, déspota, tirano, y sobre todo, de megalómano. Alguien ha dicho que la distancia que separaba a Ramsés II de su pueblo era incluso mayor que la de Keops, considerado el "faraón maligno" por antonomasia.
Sin embargo, sobre el carácter de Ramsés II se sabe poco en realidad; a partir de cartas que escribió a su colega, el rey hitita, sabemos que le disgustaba sobre manera que le dieran órdenes. "¿Porque me hablas como si fuera tu esclavo?" escribió al rey hitita en alguna ocasión, cuando este le exigía que le devolviera a un fugitivo que había tomado asilo en Egipto.
Textos de la época en que Ramsés aún no era faraón, lo describen como un "astuto joven líder" en asuntos militares. En el libro del Coran se menciona a un faraón que bien pudo ser Ramsés II; según estas escrituras: el faraón era más bien temperamental, y cuando sus magos y sacerdotes admitieron que no podían enfrentarse a la magia del dios de los hebreos, el faraón los increpó "¡Ustedes no tienen mi autorización para decir tal cosa!", tras lo cual amenazaba con clavar a los magos de pies y manos en una palmera.
Sea como fuere, el carácter de Ramsés II se fue templando con el paso del tiempo. Así, ya a las pocas décadas de subir al trono, comenzó a abandonar el país en manos de sus numerosos hijos y de sus subordinados. Sus intentos de favorecer a otros sacerdotes, como los de Ra, Ptah o Seth no surtieron efecto en tanto que los de Amón siguieron siendo omnipotentes e incluso hacían peligrar la posición del faraón. Esto no lo supo ver el rey, y dejó seguir las cosas mientras iba envejeciendo y las sombras comenzaban a asolar Egipto.
Quizás por ser el más conocido de los faraones, tenemos datos de decenas de reinas, esposas y concubinas y de cientos de hijos e hijas de este rey, lo que le ha labrado la fama de lascivo y mujeriego. También es cierto que el rey no hizo nada para ocultar este hecho, sino que incluso llegó a confeccionar una lista con los nombres de todos sus hijos y diseñar una enorme tumba en el Valle de los Reyes para varios de ellos. Este hipogeo, conocido hoy como KV5 no deja de sorprendernos y sigue siendo estudiado en la actualidad. Ignoramos qué grandes secretos puede guardar.
Sin temor a equivocarse, es indudable que la mujer de la vida del faraón fue su primera Gran Esposa Real, la bella Nefertari. Desconocemos su linaje, aunque se piensa que quizás estaba emparentada con la anterior dinastía por el faraón Ay: Ramsés se ocupó mucho de ocultar su parentesco. Nefertari no fue sólo una esposa y la madre de los hijos del faraón, sino que tomó un papel muy activo en las conversaciones con los hititas, y sus cartas con la emperatriz Putuhepa sentaron las bases del proceso de paz.
Era tal el amor que profesaba el rey a Nefertari que le llegó a dedicar el segundo templo de Abu Simbel, bajo la imagen de la diosa Hathor. Desgraciadamente, es muy posible que Nefertari no llegase a ver el templo acabado, pues murió en el año 26º de reinado, antes de su inauguración.
La desaparición de Nefertari encumbró aún más la posición de la segunda Gran Esposa Real de Ramsés, con la que también estaba casado desde la adolescencia, Isis-Nefert. Al contrario que su rival, esta mujer permaneció siempre en la sombra, pero se piensa que era muy inteligente, pues logró situar a todos sus hijos en los puestos más importantes del Estado. Se ha llegado incluso a pensar que hubo rivalidad entre la familia de Nefertari y la de Isis-Nefert, y que la muerte de la primera y de su primogénito se debieron a las intrigas de la segunda. Ante la ausencia de datos, sólo caben las conjeturas.
Ignoramos la fecha de muerte de Isis-Nefert, pero se sabe que compartió el cargo de Gran Esposa Real con otras mujeres: Ramsés tuvo, aparte de sus dos primeras esposas, otras cinco reinas. Al parecer éstas fueron su hermana (o hija) Henutmira, la princesa hitita Maathornefrura, la dama Nebettauy (tal vez hija de Isis-Nefert), así como dos hijas más. El incesto real era frecuente en la historia egipcia, y Ramsés II no tuvo el menor reparo en convertir en las Grandes Esposas Reales más importantes a sus dos más bellas hijas, una de Nefertari (Meritamón) y otra de Isis-Nefert (Bint-Anat), que acabarían sustituyendo a sus madres, tanto en su peso político y ritual como en el corazón de su marido cuando éstas desaparecieron.
En cuanto a los hijos de Ramsés II, se conocen al menos 152 vástagos. De ellos, los más importantes fueron éstos:
Nacidos de Nefertari:
Amenhirjopshef. El primogénito. Murió en extrañas circunstancias unos pocos años después de la muerte de su propia madre.
Meritamón, la cuarta de sus hijas y la primera nacida de Nefertari. Acabó siendo ella misma Gran Esposa Real y la sustituta de Nefertari en numerosas ceremonias, incluida la fundación de Abu Simbel.
Paraheruenemef (el tercer hijo), Meriatum (el sexto) y Merira (el undécimo). También fue padre de la princesa Henuttauy, con la que se casó pero a la que nunca ascendió al rango de Gran Esposa Real.
Nacidos de Isis-Nefert:
Ramsés. El segundo hijo del faraón, y uno de los hombres fuertes de la primera mitad del reinado. Murió por la misma fecha que su medio-hermano Amenhirjopshef.
Bint-Anat, la mayor de las hijas del rey. Como hizo con Meritamón, Ramsés se casó con Bint-Anat, supliendo ésta a su madre Isis-Nefert. Se cree que fue madre de al menos una niña, de nombre Bint-Anat II, que llegaría a Gran Esposa Real del siguiente monarca.
Jaemuaset, el cuarto hijo. Es el hijo más conocido de Ramsés II. Ostentó el cargo de Sumo Sacerdote de Ptah y era tenido como el hombre más sabio del país e incluso se rumoreaba que era un poderoso mago. Murió unos pocos años antes que su padre, debido a su avanzada edad.
Merenptah. Era el decimotercer hijo, pero debido a la longevidad de su padre fue el destinado a sucederle el trono. Estaba casado con su hermana Isis-Nefert II.
Sin temor a equivocarse, es indudable que la mujer de la vida del faraón fue su primera Gran Esposa Real, la bella Nefertari. Desconocemos su linaje, aunque se piensa que quizás estaba emparentada con la anterior dinastía por el faraón Ay: Ramsés se ocupó mucho de ocultar su parentesco. Nefertari no fue sólo una esposa y la madre de los hijos del faraón, sino que tomó un papel muy activo en las conversaciones con los hititas, y sus cartas con la emperatriz Putuhepa sentaron las bases del proceso de paz.
Era tal el amor que profesaba el rey a Nefertari que le llegó a dedicar el segundo templo de Abu Simbel, bajo la imagen de la diosa Hathor. Desgraciadamente, es muy posible que Nefertari no llegase a ver el templo acabado, pues murió en el año 26º de reinado, antes de su inauguración.
La desaparición de Nefertari encumbró aún más la posición de la segunda Gran Esposa Real de Ramsés, con la que también estaba casado desde la adolescencia, Isis-Nefert. Al contrario que su rival, esta mujer permaneció siempre en la sombra, pero se piensa que era muy inteligente, pues logró situar a todos sus hijos en los puestos más importantes del Estado. Se ha llegado incluso a pensar que hubo rivalidad entre la familia de Nefertari y la de Isis-Nefert, y que la muerte de la primera y de su primogénito se debieron a las intrigas de la segunda. Ante la ausencia de datos, sólo caben las conjeturas.
Ignoramos la fecha de muerte de Isis-Nefert, pero se sabe que compartió el cargo de Gran Esposa Real con otras mujeres: Ramsés tuvo, aparte de sus dos primeras esposas, otras cinco reinas. Al parecer éstas fueron su hermana (o hija) Henutmira, la princesa hitita Maathornefrura, la dama Nebettauy (tal vez hija de Isis-Nefert), así como dos hijas más. El incesto real era frecuente en la historia egipcia, y Ramsés II no tuvo el menor reparo en convertir en las Grandes Esposas Reales más importantes a sus dos más bellas hijas, una de Nefertari (Meritamón) y otra de Isis-Nefert (Bint-Anat), que acabarían sustituyendo a sus madres, tanto en su peso político y ritual como en el corazón de su marido cuando éstas desaparecieron.
En cuanto a los hijos de Ramsés II, se conocen al menos 152 vástagos. De ellos, los más importantes fueron éstos:
Nacidos de Nefertari:
Amenhirjopshef. El primogénito. Murió en extrañas circunstancias unos pocos años después de la muerte de su propia madre.
Meritamón, la cuarta de sus hijas y la primera nacida de Nefertari. Acabó siendo ella misma Gran Esposa Real y la sustituta de Nefertari en numerosas ceremonias, incluida la fundación de Abu Simbel.
Paraheruenemef (el tercer hijo), Meriatum (el sexto) y Merira (el undécimo). También fue padre de la princesa Henuttauy, con la que se casó pero a la que nunca ascendió al rango de Gran Esposa Real.
Nacidos de Isis-Nefert:
Ramsés. El segundo hijo del faraón, y uno de los hombres fuertes de la primera mitad del reinado. Murió por la misma fecha que su medio-hermano Amenhirjopshef.
Bint-Anat, la mayor de las hijas del rey. Como hizo con Meritamón, Ramsés se casó con Bint-Anat, supliendo ésta a su madre Isis-Nefert. Se cree que fue madre de al menos una niña, de nombre Bint-Anat II, que llegaría a Gran Esposa Real del siguiente monarca.
Jaemuaset, el cuarto hijo. Es el hijo más conocido de Ramsés II. Ostentó el cargo de Sumo Sacerdote de Ptah y era tenido como el hombre más sabio del país e incluso se rumoreaba que era un poderoso mago. Murió unos pocos años antes que su padre, debido a su avanzada edad.
Merenptah. Era el decimotercer hijo, pero debido a la longevidad de su padre fue el destinado a sucederle el trono. Estaba casado con su hermana Isis-Nefert II.
Ramsés tuvo un destino extraño: su existencia fue tan larga que sobrevivió a muchos de sus descendientes. Murió casi centenario tras 67 años de reinado y celebrar once festivales Heb-Sed. Su momia, descubierta en 1881, es la de un hombre viejo, de cara alargada y nariz prominente. Fue sin duda el último gran faraón, ya que sus sucesores más importantes, Merenptah y Ramsés III, se vieron obligados a llevar una política defensiva para mantener la soberanía en Canaán. Posteriormente, la decadencia interna habría de terminar con el poder de Egipto más allá de sus fronteras.
En realidad, el largo reinado, unido a la dejadez del rey tras los primeros veinte años y el inmenso esfuerzo constructor, fueron letales para Egipto, y el próspero Imperio Nuevo tenía los días contados.
En realidad, el largo reinado, unido a la dejadez del rey tras los primeros veinte años y el inmenso esfuerzo constructor, fueron letales para Egipto, y el próspero Imperio Nuevo tenía los días contados.
Ramsés III
Faraón de Egipto (1198-1176 a.C.), fundador de la XX Dinastía, gran líder militar que repetidamente salvó al país de la invasión de los denominados pueblos del mar. Durante el quinto año de su reinado, Ramsés repelió un ataque libio, y dos años después derrotó a los pueblos del mar. En su decimoprimer año volvió a rechazar una invasión libia. Ramsés también construyó templos y palacios siguiendo la tradición de su predecesor de la XIX Dinastía, Ramsés II. Las victorias de Ramsés III se encuentran representadas en las paredes de su templo mortuorio en Madinat Habu, cerca de Luxor. El final de su reinado estuvo marcado por revueltas e intrigas palaciegas. A su muerte siguieron siglos de debilidad y dominación extranjera.
No existe aun la fecha clara de su dinastia otros la colocan en fechas aun mas antiguas.
Usermaatra-Meriamón, o Ramsés III (c. 1184 a 1153 adC) es el segundo faraón de la dinastía XX y el último gran soberano del Imperio Nuevo de Egipto.
Durante su reinado , que dura poco más de treinta años, el soberano no deja de luchar contra la corrupción que desintegra el país; debe también rechazar a los Pueblos del Mar invasores.
En su época terminó el Imperio Hitita y otras entidades políticas menos importantes. Todo el Oriente Medio se vio afectado, pero sin la resuelta intervención de Ramsés III, Egipto habría perdido a su soberano egipcio, como durante la época de los Hicsos.
En su época terminó el Imperio Hitita y otras entidades políticas menos importantes. Todo el Oriente Medio se vio afectado, pero sin la resuelta intervención de Ramsés III, Egipto habría perdido a su soberano egipcio, como durante la época de los Hicsos.
Ordenó construir importantes ampliaciones en los templos de Luxor y Karnak.
Su Templo funerario y el complejo administrativo en Medinet Habu están entre los más grandes y mejor preservados de Egipto, sin embargo la incertidumbre en tiempos de Ramsés está presente en las grandes fortificaciones que se construyeron para protegerlo. Ningún templo egipcio en el corazón de Egipto antes del reinado de Ramsés III había necesitado ser protegido de tal manera jamás. Allí se entierra, según la leyenda, a los miembros de la cosmogonía Hermopolitana que recibieron culto hasta la llegada de los emperadores Romanos.
Su tumba (KV11) en el Valle de los Reyes (Biban el-Muluk: Puerta de Reyes) es de gran elegancia. Las escenas son fieles al Arte egipcio.
Su Templo funerario y el complejo administrativo en Medinet Habu están entre los más grandes y mejor preservados de Egipto, sin embargo la incertidumbre en tiempos de Ramsés está presente en las grandes fortificaciones que se construyeron para protegerlo. Ningún templo egipcio en el corazón de Egipto antes del reinado de Ramsés III había necesitado ser protegido de tal manera jamás. Allí se entierra, según la leyenda, a los miembros de la cosmogonía Hermopolitana que recibieron culto hasta la llegada de los emperadores Romanos.
Su tumba (KV11) en el Valle de los Reyes (Biban el-Muluk: Puerta de Reyes) es de gran elegancia. Las escenas son fieles al Arte egipcio.
Ramsés III parece haber sido víctima de una amplia conspiración tramada por Tiyi, segunda esposa real que habría querido que su hijo Pantaur accedieras al trono en lugar del futuro Ramsés IV. La conspiración se descubrió en el último momento, y se detiene y conduce a los conspiradores ante la justicia.
El pleito de los conjurados se describe en el papiro denominado la conspiración del harém, cuyo fragmento principal, de los tres que lo componen, se conserva al Museo egipcio de Turín.
Se acusó a cuarenta personas, muy próximas al faraón. Cuatro pleitos son llevados por un tribunal extraordinario, dotado de plenos poderes por Ramsés III. Primer veredicto: a Tiyi y a los veintiocho conjurados principales se les condena a muerte; segunda veredicto: otros seis se ven obligados a suicidarse en público; tercer veredicto: se condena también a otros cuatro, el príncipe Pantaur pone fin a sus días en privado, seguramente en su prisión.
El viejo rey que había sabido conservar el poder sobre Egipto muere, desolado por las intrigas [1], antes de la declaración del cuarto veredicto. Su hijo Ramsés IV, y de la reina Isis, le sucede y prefiere cerrar el asunto. Con motivo de su solemne coronación, declara la amnistía general.
Se acusó a cuarenta personas, muy próximas al faraón. Cuatro pleitos son llevados por un tribunal extraordinario, dotado de plenos poderes por Ramsés III. Primer veredicto: a Tiyi y a los veintiocho conjurados principales se les condena a muerte; segunda veredicto: otros seis se ven obligados a suicidarse en público; tercer veredicto: se condena también a otros cuatro, el príncipe Pantaur pone fin a sus días en privado, seguramente en su prisión.
El viejo rey que había sabido conservar el poder sobre Egipto muere, desolado por las intrigas [1], antes de la declaración del cuarto veredicto. Su hijo Ramsés IV, y de la reina Isis, le sucede y prefiere cerrar el asunto. Con motivo de su solemne coronación, declara la amnistía general.
El Papiro de Harris I
Fue editado por su hijo y sucesor Ramsés IV, y narra la crónica de los grandes donativos del rey, de estatuas de oro y construcciones monumentales en varios templos de Egipto en Pi-Ramsés, Heliópolis, Menfis, Atribis, Hermópolis, This, Abidos, Coptos, El Kab y otras ciudades en Nubia y Siria. Registra también que el rey organizó una expedición comercial a la Tierra de Punt y ordenó extraer cobre de las minas de de Timna. Ramsés reconstruyó el Templo de Jonsu en Karnak sobre la base de un templo más antiguo de Amenhotep III y completó el Templo de Medinet Habu alrededor de su 12º año. Se decoraron los muros de su templo en Medinet Habu con escenas de sus batallas navales y por tierra contra los Pueblos del Mar.
Fue editado por su hijo y sucesor Ramsés IV, y narra la crónica de los grandes donativos del rey, de estatuas de oro y construcciones monumentales en varios templos de Egipto en Pi-Ramsés, Heliópolis, Menfis, Atribis, Hermópolis, This, Abidos, Coptos, El Kab y otras ciudades en Nubia y Siria. Registra también que el rey organizó una expedición comercial a la Tierra de Punt y ordenó extraer cobre de las minas de de Timna. Ramsés reconstruyó el Templo de Jonsu en Karnak sobre la base de un templo más antiguo de Amenhotep III y completó el Templo de Medinet Habu alrededor de su 12º año. Se decoraron los muros de su templo en Medinet Habu con escenas de sus batallas navales y por tierra contra los Pueblos del Mar.
La comunidad obrera de las tumbas reales (ubicada en lo que hoy conocemos como Deir el-Medina) desarrolló tres huelgas bajo el reinado de Ramsés III. Estas huelgas fueron las primeras documentadas en la historia de la humanidad, algunas de las cuales se recogen en un papiro que hoy se conserva en el Museo Egipcio de Turín. Las huelgas surgieron debido al retraso de las raciones alimenticias (en Egipto no existió la moneda acuñada hasta la dinastía XXX (siglo IV adC)) que formaban parte de los sueldos de los obreros.
Los trabajadores llevaban más de veinte días sin recibir el sustento porque el gobernador de Tebas Oeste y sus seguidores habían interceptado el envío. Cuatro meses después, el conflicto se reavivó. La entrega de alimentos se había demorado de nuevo, esta vez dieciocho días, y los obreros se vieron obligados a reclamar lo que era suyo, pero recibieron partidas insuficientes. Por esta razón interrumpieron el trabajo y se dirigieron al templo de Thutmose III en Medinet Habu, donde presentaron sus quejas, exigiendo que el propio rey fuera informado y proclamando: «Tenemos hambre, han pasado dieciocho días de este mes... hemos venido aquí empujados por el hambre y por la sed; no tenemos vestidos, ni grasa, ni pescado, ni legumbres. Escriban esto al faraón, nuestro buen señor, y al visir, nuestro jefe. ¡Que nos den nuestro sustento!». Los sacerdotes tuvieron que soportar duras negociaciones y huelgas intermitentes, y aunque no se sabe con seguridad cuál fue el desenlace de la situación si sabemos que desde ese momento los robos en las necrópolis aumentaron.
Los trabajadores llevaban más de veinte días sin recibir el sustento porque el gobernador de Tebas Oeste y sus seguidores habían interceptado el envío. Cuatro meses después, el conflicto se reavivó. La entrega de alimentos se había demorado de nuevo, esta vez dieciocho días, y los obreros se vieron obligados a reclamar lo que era suyo, pero recibieron partidas insuficientes. Por esta razón interrumpieron el trabajo y se dirigieron al templo de Thutmose III en Medinet Habu, donde presentaron sus quejas, exigiendo que el propio rey fuera informado y proclamando: «Tenemos hambre, han pasado dieciocho días de este mes... hemos venido aquí empujados por el hambre y por la sed; no tenemos vestidos, ni grasa, ni pescado, ni legumbres. Escriban esto al faraón, nuestro buen señor, y al visir, nuestro jefe. ¡Que nos den nuestro sustento!». Los sacerdotes tuvieron que soportar duras negociaciones y huelgas intermitentes, y aunque no se sabe con seguridad cuál fue el desenlace de la situación si sabemos que desde ese momento los robos en las necrópolis aumentaron.
Diversos estudios muy recientes de egiptología demostrarían que en efecto, Ramsés III habría fallecido víctima de la conspiración, tras una agonía de quince días provocada por la picadura de una serpiente querasta que habrían introducido en los aposentos reales. Uno de los principales conjurados, su hijo Pentaur fue obligado al "suicidio" y su cadáver fue precariamente momificado, los demás conjurados fueron quemados en hogueras.
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